Las leyendas de apuestas más famosas

24/10/2016 Desactivado Por 49K Noticias

monedasEs ahora cuando, con las campañas de publicidad que han puesto en marcha algunas casas de juegos, se ha hecho un sector más visible dentro de que lleva años apostando por seguir online una tradición que antes se disfrutaba a pie de calle.

Casinos, casas de apuestas, hipódromos, combates…cuántas apuestas habrá habido a lo largo de la historia y que han enriquecido no sólo a los ganadores sino también a los mediadores.

Sin embargo hoy queremos hablar de algunas de las apuestas más famosas de la historia.

Para ello, hay que remontarse a Inglaterra, cuna de la tradición, para poder recordar algunas de las más comentadas.

Hablaremos pues del Marqués de Rockingham, ciudadano del siglo XVIII que, con picardía, decidió apostar entre sus conocidos su capacidad de hacer pasar un carruaje de caballos por el ojo de una aguja. Obviamente, todos sus contrincantes corrieron a apostar contra él. Sin embargo, con picardía, hizo construir un obelisco con forma de aguja – hoy en día se puede seguir visitando en Yorkshire – dejando a todos con la boca abierta y recogiendo unas ganancias que no había esperado.

En eso se basaban las apuestas de entonces, pero incluso antes, ya hubo grandes estrategas como Cleopatra, que se jugó contra Marco Antonio la celebración de la cena más cara de la historia. Tres días de celebración bastaron para poner a prueba al Imperio Romano, pero ante las dudas de su contrincante, la egipcia depositó uno de sus pendientes (se decía que su pureza igualaba el precio de países) y se lo bebió. Cuenta la leyenda que con este gesto no sólo ganó la apuesta sino también a Marco Antonio.

Hoy en día no hace falta llegar a apuestas de este nivel ya que existen numerosas opciones de poner abaratar los costes de la participación incluso con códigos como el código promocional luckia. Pero sin duda todas estas leyendas lo que hacen es enriquecer un sector en el que, la picardía, tuvo mucho que decir en la consecución de objetivos.

Sólo hay que echar un vistazo a alguno de los directivos aéreos para ver cómo aún hoy este tipo de gestas siguen estando en boca de todos.